BAJO UN SOL DE SÍLICE

En un espacio desértico una mujer porta su cuerpo, sus imágenes-palabras, su vestido. En un espacio desértico un vestido porta el cuerpo de una mujer, sus imágenes-palabras, su vestido. Las piedras se acumulan y el sol transita iluminando un sueño que revoluciona el dormir. 

Bajo un sol de sílice es una propuesta escénica que trabaja en principio sobre el vínculo que se establece entre el cuerpo de una actriz y el espacio que la rodea. Jugando con los límites de lo teatral y lo performativo, el espacio es un interrogante que cruza constantemente todos los componentes del espectáculo: los objetos, la luz, el vestuario, la voz y cuerpo de la actriz. En él se lanzan las preguntas que crean el imaginario, ¿Cómo aparecer y desaparecer? ¿Cómo suspenderse o seguir la gravedad? ¿Cómo se deambula? ¿Cómo encontrar el espacio entre los espacios? ¿Qué lectura sensible se desprende de la relación ambigua entre el espacio (lo concreto) y lo invisible? ¿Cuáles son sus límites? ¿Cómo tocarlo o negarlo? 

 


 


 

 



 

Ficha artística:


Actriz-performer: Rocío Passarelli
Dirección de arte y vestuario: Mara Mroczek
Maquillaje: Rosario Miranda Cochella
Escenografía e iluminación: Donna Sgarbi, Lujan Vivas
Dramaturgia y dirección: Julian Poncetta

Instituciones que apoyan la propuesta:


CPTI (Consejo Provincial de Teatro Independiente)
Plataforma 12

Festivales y ciclos en los que ha participado:

Fiestas Regionales de Teatro Independiente (2018)

Festival de teatro en el mes de la Mujer, La plata (2017)


Segundo ciclo de Teatro por la identidad La Plata (2016)
 

Ciclo de Teatro Independiente en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha (2016)

Premios y menciones:

Mara Mroczek por mejor vestuario - Fiestas Regionales de Teatro Independiente 2018

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RESEÑAS

PERMANEZCAMOS INCOMPLETOS
agendazaz  abril 19th, 2016


Julian Poncetta y Rocío Passarelli llevan a escena Bajo un sol de sílice, una obra sobre la relación del cuerpo con el espacio, la palabra y la intensidad de una vida conectada a dos dimensiones: la real y la virtual. Todos los sábados de abril en CC El Escudo.

 

Por Mariana Arocena

Los 35 minutos en escena de Bajo un sol de sílice remiten a un año y medio de búsquedas, preguntas, ensayos y problemas de Julian (director) y Rocío (actriz) en torno a una idea: la relación del cuerpo con el espacio, con las palabras, con la tecnología.

En el centro de una sala, el vacío y el silencio gobiernan hasta que aparece el cuerpo de una mujer, y luego, el cuerpo de una mujer atrapado en un vestido. De allí en más la actriz anuda y desanuda palabras, imágenes, ideas, mientras interactúa con un teléfono que no deja de sonar, de filmar, de fotografiar en tiempo real.

Durante esos minutos, los mismos desafíos que encarna la actriz se le presentan también a lxs espectadorxs. Sus cuerpos también están allí con ese silencio, ese vacío, esas palabras caóticas (pero palabras al fin), y sus teléfonos que conectan con un mundo virtual que acostumbra a ser agitado. Comienzan a operar entonces las estructuras que predefinen un modo de interactuar con lo que sucede en escena, de ser público, de lo que se espera ver y escuchar para descubrir, quiźas, que de vez en cuando es saludable removerlas.

Julian dice al respecto: “Por ahí el teatro no tiene que tener solo un texto entendible, si no que también te tiene que interpelar desde otros lugares, generarte la pregunta de ¿por qué vine? ¿por qué esa mujer hace eso? ¿qué me pasa a mi con eso, con el silencio?”. Y agrega, “como espectadores siempre exigimos: una historia, un argumento. Pero, el arte, ¿no puede exigirle al espectador?. Yo también creo en eso”.

 

El proceso

Los ensayos comenzaron en la mitad de un monoambiente, reconociendo-desafiando-observando los límites que ese espacio pequeño ponía al cuerpo en movimiento. Durante varios meses Rocío aprendió a saltar, correr, tirarse y dar giros en ese microlugar hasta que se terminó de confeccionar el vestido que usarían en la puesta en escena.

Entonces el monoambiente se trasladó al vestido, una estructura semirígida no apta para saltar, correr, tirarse o dar giros que desató la crisis de la actriz por la dificultad y el trabajo a desandar. Finalmente descubrieron que todo eso no hacía más que resignificar la pregunta inicial y alimentar el karma de la historia.

Desde entonces, cada vez que se encuentran con la comodidad, buscan el problema: cambian de lugar, incorporan elementos nuevos con los que lidiar en escena o abren los ensayos a espectadores especializados en teatro y a otros que no lo son.

Todo esa experiencia personal de hacer carne el texto se trasladó al producto final. Rocío cuenta: “yo tengo que estar preparada para cualquier situación. Tengo que poder dialogar y decidir atenta a lo que sucede alrededor”. Así es como una posible llamada telefónica, los ladridos de un perro vecino o la prueba de sonido de una banda cercana son convertidos en elementos para continuar experimentando, aprendiendo y mantener vivo el espíritu fundamental que hacen extensivo al público: permanecer incompletos.

Sábado de abril a las 21hs
El Escudo – 10 e/ 60 y 61.

Enlace: http://agendazaz.com.ar/site/?p=17436 

Bajo un sol de Sílice: teatro poético y escritura corporal en la utopía de la proximidad

 

Sobre “Bajo un sol de sílice” por Gustavo Rádice*


“…por crear un nosotros en un
constante proceso de desintegración,
por hablarle al otro, desde cerca, con el
cuerpo desnudo, frágil, abierto, en un
acto voluntario de visibilidad que quiere
entenderse antes como ética que como
estética, utopías de la proximidad.”
Oscar Cornago – 2010
(Prologo “Utopías de la proximidad en el contexto de la globalización)

 


Los caminos del teatro se han diversificado en múltiples vías, cada teatrista, cada espectador elige por qué senda andar. Julián Poncetta y Rocío Passarelli han comenzado su camino teatral por la senda más compleja del teatro, y eso se agradece. “Bajo un sol de sílice”, que se autodenomina performance y teatro, diluye todos los límites de la performance y el teatro y se adentra en el espacio del Teatro Performático, conjugando estéticas, disciplinas y teorías artísticas. Sobre el campo de la abstracción poética, Julián Poncetta construye su discurso teatral plagado de metáforas, dudas, poesía visual y sonora. En el intento de transgredir aquellos límites entre el teatro y las artes plásticas, Julián Poncetta arroja el cuerpo de Rocío Passarelli al espacio como máquina poética, de sutil belleza, violentado al espectador con un cúmulo de preguntas que debe autorresponderse. Julián Poncetta yo no lanza al espacio la remanida pregunta sobre qué es teatro y qué no lo es; esas preguntas quedan en el espacio de la entelequia, su preocupación se dirige al campo de la poesía visual y sus posibilidades estéticas. Bajo la mirada de la afectación, traslada ese mecanismo teatral al cuerpo. Rocío Passarelli se enfrenta a superar la catarsis emotiva para sumarse al complejo mundo de generar poética con su cuerpo. Al superar la problemática de qué es teatro y qué no lo es, traslada la mirada hacia el mundo poético del cuerpo. En todo momento esperamos la explosión violenta del cuerpo de Rocío Pasarelli, esperamos el desgarro de su voz clamando al son de un texto poético de compleja abstracción. Sabemos que los cuerpos importan y que al decir de Ileana Diéguez esperamos “el cuerpo como objeto de sacrificio y martirio, como la ofrenda más preciada que puede hacerse a los dioses”. El cuerpo de Rocío Pasarelli se manifiesta como un objeto iconográfico que busca establecer conexión con sus propias palabras, con ese cúmulo de palabras elaboradas por Julián Poncetta.
La maquinaria tecnológica a la que estamos sometidos diariamente se ve reflejada en la obra con la presencia constante del celular, un hallazgo de la obra; y es en esa dirección que Oscar Cornago señala que: “la exploración de los límites de la escena moderna ha abierto las puertas a acciones extremas, expuesta de forma directa o sin las tradicionales mediaciones de la ficción. Lo significativo (…) es, en todo caso, una constelación de acciones y campos de actuación con un grado de realidad comparable en cuanto remiten a lo que el cuerpo tiene de naturaleza en una época dominada por las imágenes, las telecomunicaciones y la economía global.”
¿“Bajo un sol de sílice” es un discurso intelectual remanido? ¿Es una pretensión estética elaborada? Muchas preguntas que por suerte no tienen respuesta. La única certeza es el cuerpo como un territorio de lo pretendidamente humano y civilizatorio. En un tiempo en que lo insensible y frío de la tecnología aleja a los cuerpos entre sí y nos lanza al abismo de la violencia de la soledad, el cuerpo de Rocío Passarelli irrumpe en el espacio de forma extraña, y nos convoca a pensar sobre la corrección política, no solo del deber ser del teatro, sino de lo humano bajo el sol de sílice.

 

* Licenciado y Profesor en Artes Plásticas orientación Escenografía
Prof Titular. Taller Básico Escenografía I-II – Facultad de Bellas Artes (UNLP)
Miembro integrante de diversos proyectos de investigación sobre teoría teatral e historia del teatro platense en el marco del Programa de Incentivos a Docentes Investigadores de la Secretaría de Políticas Universitarias perteneciente a la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación del Ministerio de Educación de la Nación.
Coordinador del Grupo de Estudios de Artes Escénicas del IHAAA -FBA
Miembro del Instituto de Historia del Arte Argentino y Americano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata.
Miembro integrante del AINCRIT (Asociación Argentina de Investigación y Crítica Teatral)
Ha participado en diversos congresos – encuentros – jornadas nacionales e internacionales sobre Historia del Arte y Teatro.
También ha participado como actor y director teatral en varias producciones escénicas.

Enlace: 

http://laescenaestaservida.com.ar/bajo-un-sol-de-silice-teatro-poetico-y-escritura-corporal-en-la-utopia-de-la-proximidad/

Nos hemos vuelto espectaculares


Sobre Bajo un sol de sílice 
por Rocío Bergé

Es difícil hablar de teatro. Más difícil es hablar de performance. El lugar del espectador -por no decir “crítico, que es una palabra que a ninguno nos gusta- es del que espera. Paradójicamente, del otro lado, el creador propone, provoca, incita a que ciertas cosas ocurran y ciertas cosas ocurren. Pero claro no todos los espectadores somos iguales. Hay algunos impacientes, ansiosos, educados en la lógica de la velocidad. Yo soy de esas. Pero con el tiempo aprendí que las obras decantan. (También hay obras que no decantan nada, solo dan).
“Bajo un sol de sílice es una obra que tiene un alto contenido poético. Su texto es una larga poesía. Con todo, la poesía tiene un amplio panorama de referentes, no es lineal. La poesía también es caos cuando se abre el chorro, cuando se abre la boca sale el caos.
La obra dispara hacia muchos lugares. Por momentos creo estar perdida, sé que a veces es una cuestión de tiempo o de apertura. En un momento, se quiebra. El cuerpo grita, se asoma brutalmente, aparece como cuerpo carne. Nos conmueve su violencia. Estamos siendo interpelados. La palabra tiene un límite: toca pero no rompe. Creo que el cuerpo rompe cuando irrumpe.
Bajo un sol de sílice es una obra bella: bella la ropa, bello el cuerpo, bellas palabras. Arroja belleza y luego brutalidad, dispara y dispersa, pero hacia el final expresa lo más diáfano que tiene: “Permanezcamos incompletos. Nos hemos vuelto espectaculares”.

Enlace: http://laescenaestaservida.com.ar/nos-hemos-vuelto-espectaculares/

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Teatro de imágenes en espacios donde la metáfora se ha tomado vacaciones.
“Bajo un sol de sílice” o la conquista de un espacio inmensamente desértico

por Gerónimo Buffalo

Son las 21hs en la ciudad, ingreso a la sala. Atrás quedaron los gritos de victoria tripera y mis prejuicios sobre la sala B del Pasaje Dardo Rocha. El espacio luce completamente despojado, las butacas se encuentran ubicadas a lo largo de la circunferencia de la sala. El espacio se percibe inmenso y desolador. Apenas unos objetos esparcidos, que quedan alejados ante semejante monumento al vacio. Una canción de estilo Indie (supongo) suena de fondo dándole cierta contemporaneidad y a la vez rareza al cuadro. Me sentaron de prepo sobre el desierto y el sílice de su arena me incomoda. La obra comenzó desde que pisé la sala. Me siento expuesto (punto para Julián). 
Roto la cabeza sobre el largo de toda la sala, de un lado a otro para que no se me escape nada. La inmensidad es absorbente e intento escaparme exigiendo la espectacular aparición la actriz. Pero no, Rocío ingresa como sabiendo de antemano mi prepotencia de espectador. Camina tranquila pero presente, su cuerpo parecería decirnos “quedate tranqui que me la banco”. Toma un pedazo de vestido, para mí su único compañero durante toda la obra. Arranca su pelea contra el espacio y nosotros como sus únicos testigos de semejante hazaña, llenar semejante desierto de teatralidad. En este punto me encontré con lo que considero el fuerte de la apuesta de “Bajo un Sol de Sílice”, la capacidad técnica de una actriz que deja todo por llenar ese vacío que nos agobia. Rocío corre y salta como nunca, aquí y ahora, se arroja al suelo con violencia, sostiene piernas desde su fuerza abdominal, compone formas, grita y escupe palabras, se saca infinidad de selfies, se caga de risa y nos provoca en búsqueda de respuestas físicas, orgánica y reales. Quiere ganar (vamos piba, te banco a muerte!). Su columna vertebral y sus brazos son una obra de teatro aparte. Es imposible estar pasivo.
A medida que avanza la obra, el sílice envenena. Sobre el final, esa metáfora de la mujer expuesta ante la inmensidad que la devora no es para cualquiera. Molesta y de manera poética (gracias Julián). No hay lugar para lo explicito. La obra para mí fue eso, una metáfora del cuerpo de la mujer peleando contra ese sistema, ese desierto de sílice que modifica a su forma, la golpea, la viola, la asesina. Rocío le pone el cuerpo a eso y no es ninguna boludez.
La obra se ofreció en el marco del Festival de la Mujer con entrada libre y gratuita.