RIADA. ENTRENAMIENTO CORPORAL Y DRAMATÚRGICO

“El texto dramático se completará (...) en el momento fugaz y preciso de la representación. Luego volverá a sentir su insatisfacción perpetua. Ese texto, más que ningún otro, está sometido a la necesidad de sus deseos: abandonar la página y saltar al escenario, corporizarse (...)”

Griselda Gambaro

La palabra surge caóticamente, fluye en la acción.

Nos proponemos decir aquello que vibra en el cuerpo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación

Riada propone un recorrido del cuerpo al texto y del texto a la composición.
Un entrenamiento corporal para saber dónde estoy, qué me está pasando, a dónde quiero ir. Tanto el dónde y el qué dialogan formando un dispositivo que explora la posibilidad de desarmar para hallar nuevas posibilidades de accionar. Desarmar para mover. Parafraseando a P. Stokoe, un despertar dedicado al reconocimiento cada vez más sutil y diferenciado del propio cuerpo. ¿De qué hablamos cuando decimos entrenamiento corporal? ¿Es que hay una postura adecuada a lograr a la hora de actuar y escribir? La postura de la cual partimos no tiene que ver con una posición de trabajo estática, sino más bien con la posibilidad de pensar en un punto de partida. Entonces ¿es posible entrenar una postura de trabajo para hacer dramaturgias? 
Despojarse de artificios, quitar lo que está de más, abandonar la posibilidad de ser actriz sólo para estar al servicio de la forma. Partimos de una columna vertebral como eje, que coincide con la construcción de un pensamiento extracotidiano, el que se distancia de aquel cuerpo que sólo consiste en cabeza, brazos y piernas y que cotidianamente movemos.

Sobre la base de estas concepciones sobre cuerpo es que parten los distintos lineamientos y principios de nuestro trabajo: equilibrio precario, oposición, energía en el tiempo, energía en el espacio. Ahora bien, ¿Cómo estos principios se vuelcan en un texto? ¿cuáles serían las posibles categorías teatrales a llevar adelante a partir de la puesta en juego de estos principios? Categorías rítmicas, espaciales, sonoras, plásticas. 

Escribir, como acción concreta, pareciera venir de un único lugar: el cerebro. Pareciera que allí está el pensamiento y que el trabajo intelectual se aloja en ese órgano. Dice Alejandra Pizarnik: “Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”. ¿Ausencia de qué? ¿Dónde queda el cuerpo en todo este proceso? ¿Y si escribir es otra cosa? ¿Si es también los silencios, lo que sobra, lo que me nombra? ¿Si me corro de esa imagen y de pronto me veo escribiendo con el cuerpo, en un ensayo, entrenando? ¿Si las palabras entonces ya no pasan de mi cerebro-gris directamente por un tubo a mi mano, sino que están en mis músculos, mis huesos, mi carne, mi sangre? La escritura como un proceso vital. “Creo que una de las primeras cosas que habría que entender sobre este oficio es que la escritura de una pieza teatral no es otra cosa que la concepción de un organismo. Un ente vivo y autónomo” (M. Kartún).
Entonces, a partir de la unión cuerpo-texto, es que nos proponemos ir hacia la composición. Una síntesis. Abreviatura de aquello que se desarmó. 

 

Proponemos: 

- Presentar y transitar un entrenamiento corporal y dramatúrgico hacia la composición.
- Generar y propiciar una actitud reflexiva y crítica respecto a qué entendemos por entrenar el cuerpo y la escritura.
- Presentar e identificar principios y categorías teatrales para el tejido dramatúrgico.

Modalidad:

12 encuentros teórico-prácticos
De abril a Junio 2019

Consultas e inscripción: facebook.com/gmomoteatro

 

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