LA PÁGINA EN BLANCO. UNA REFLEXIÓN SOBRE EL CAMPO DEL ENSAYO

 

 

 

por Julián Poncetta

2014

El siguiente artículo, responde a la necesidad de reflexionar sobre el ensayo como herramienta fundamental para repensar el hecho de la escena teatral en la ciudad de La Plata. Para ello, se traerán las voces de Alberto Ure y Gilles Deleuze, que a través de sus palabras nos ayudarán a abordar el tema del ensayo, no desde un lugar cristalizado, sino disparando preguntas y provocaciones sobre ciertos conceptos aceptados y preestablecidos.

 

Antes de profundizar sobre el ensayo, podemos consultar fuentes que en sí no tengan conocimiento específico de lo que es un ensayo. En algún momento se habría citado, por ejemplo, a la Enciclopedia Británica pero como vivimos en tiempos virtuales es más sencillo googlear y ver qué aparece para tener referencias generales de lo que se piensa sobre este hecho. Por supuesto, Wikipedia será la primera opción pero el listado es más amplio e incluso con simpáticos resúmenes del estilo “hágalo usted mismo”.

Entonces, según Wikipidia, el ensayo es una “fase preparatoria de una representación, un concierto o bien una ópera, que precede las representaciones con público”[1]. Muy bien, pero no nos quedaremos solo con esta definición, porque el artículo continúa con la especificación de ciertos elementos que constituirían un ensayo teatral, que después de todo es de lo que vamos a hablar en este artículo.

Podemos distinguir, en un breve punteo, algunos  elementos mencionados por la enciclopedia virtual:

  1. Las compañías teatrales que tienen recursos suficientes instalan una escenografía rudimentaria que simula la definitiva, la pre-escenografía, a fin de que los actores se acostumbren al espacio del que dispondrán en el escenario. También pueden llevar ropa sencilla que simule el traje definitivo que llevarán: es el "vestuario de ensayo".

  2. El primer ensayo suele consistir en una lectura del texto por los actores: es el "ensayo de mesa", en el que los actores sentados alrededor de una mesa leen cada uno su papel en voz alta en presencia del director. La mayor parte de los ensayos siguientes son sesiones de trabajo de los actores con el director, para escenificar las distintas partes de la obra: se repiten los diálogos y los movimientos hasta conseguir el efecto deseado por el director.

  3. En un segundo tiempo, la compañía pasa a realizar los ensayos en el escenario del teatro donde ya se ha montado la escenografía. Allí se ponen a punto los distintos aspectos técnicos del espectáculo, y su coordinación con el juego de los actores. Son los "ensayos técnicos", en los que se ensayan las luces (ensayo de luces), el sonido y la música, los efectos especiales y audiovisuales, y sobre todo el trabajo de maquinaria o tramoya para los cambios de decorado. Los actores ya empiezan a actuar llevando el vestuario, maquillaje y peinados definitivos para comprobar si necesitan retoques.[2]

Frente a esto nos podemos preguntar, ¿son las nociones de Wikipedia incorrectas? Claramente no, siempre es difícil encontrar incorrección en aquellas cosas y definiciones políticamente correctas. Sí podemos pensar que es una descripción genérica, llena de lugares comunes y que nos invita a la sospecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

En principio, todo es muy claro: hay unas personas que tienen un texto, unxs van a decir ese texto  y hacer unos movimientos mientras que otrx les va a indicar cómo decirlo, dónde pararse y qué pensar. Es decir, todos saben lo que van a hacer: una obra de teatro. Y es más, también saben cómo hacerlo: cumpliendo con la fase 1,  juntarse a simular que hacen algo que tiene algún parentesco con lo definitivo,  esa cosa que se representará  frente a un público.  Dicho así, parece que Wikipedia debería estudiar un poco más sobre el ensayo. Pero, lamentablemente, es lo que ocurre en la mayoría de compañías, grupos y elencos, tanto sea una producción independiente, como en el teatro oficial o el comercial. Wikipedia no está equivocada, porque en general los ensayos no se piensan, no se discuten ni se indagan, sólo se hacen a la espera de la tan deseada fecha de estreno. Como si fuera algo que no se puede evitar pero que hay que transitar casi por compromiso, porque no queda otra. Como si diera culpa estrenar algo sin prepararlo un poco (aunque sea mal y pronto) y “pasarlo por el cuerpo” un rato antes. Porque después de todo, ya se sabe lo que vamos a hacer: Hamlet. Ergo, tome usted unas calzas, una calavera y ponga la voz de Alfredo Alcón.

Entonces, ¿qué podría ser un ensayo, cuál sería la propuesta?

Como fue planteado, todavía se aborda el ensayo a modo de ciertos pasos a seguir, claros y planificados, orquestados por un/a/os/as director/a/as/es. Digo todavía, porque a lo largo del siglo XX, a través de diversxs maestrxs,  lo que se entiende por ensayo ha sido indagado, revisado y repensado desde múltiples puntos de vistas, tanto técnicos como poéticos. Sería iluso pretender mencionar aquí a cada unx, por los que nos centraremos en algunas palabras escritas por Alberto Ure, en especial  en “El ensayo teatral, campo crítico (2)”, por su vehemencia y claridad.  Aquí también vuelve el todavía, ya que fueron escritas en 1993. Aproximadamente 20 años después, es necesario retomar estos pensamientos. Ya que la  forma en la que ensayamos y producimos espectáculos en la ciudad de La Plata parecen responder al viejo lema de “ciudad soñada”, como aquello que nos esteriliza.  Si todo fue soñado, no nos queda otra cosa más que repetir lo que fue pensado por otros, amoldando nuestras potencias a cuadrados perfectos y plazas cada 6 cuadras. Por suerte, y ese es nuestro intento y apuesta, están ocultas las diagonales, con las que nos perdemos y, al mismo tiempo, atravesamos y cuestionamos el mapa de lo establecido.

Sin pretender suplantar una receta de cocina por otra, podríamos comenzar a pensar el ensayo no como “la conquista de lo gradual, del proceso controlado que supone una meta clara”[3], sino como  “un momento brutal, un estallido cultural”[4]. Y por ende, como un acontecimiento, una experiencia forzada, donde se genera un círculo para que algo suceda y produzca un cambio. Y esto es más importante que cualquier idea de simulación, ya que como sostiene Ure, “un ensayo no es un ensayo, no es un simulacro, sino un hecho real”[5]. Aquí podría aclararse, que es un hecho real que opera en varios niveles, ya que entran en fricción y en lucha campos de distintos órdenes: imaginarios, de pasiones,  vinculares, de pujas de poder, etc. Es en ese círculo, donde desde lo invisible se cuestiona lo real, frente a una mirada externa (la dirección) que conspira, dándole carácter de batalla. Entonces, no es la mera preparación para un público, ya que

“el director funciona, durante el ensayo, como público experimental. Un público con el que aparentemente se dialoga, pero con el que en realidad se lucha. ¿Lo haré soñar yo mi sueño, y seré un sueño suyo? […] en los casos más felices llega a comprender que el resultado será otro sueño, no se sabe de quién.”[6]

Es decir, que aquel lejano encuentro con un público ya está presente desde el primer momento, y que no es necesario esperar a la fecha del estreno para que ciertas cosas sucedan en la escena. Por el contrario, se debe forzar esa manifestación real del campo imaginario desde comienzo, para que la obra aparezca a pesar de lxs actorxs, del directxr, lxs técnicxs, lxs productores y todos aquellos que componen el dispositivo teatro.

En este sentido, pero corriéndonos de lo teatral, podemos pensar el ensayo como el problema que tiene el escritor frente a lo hoja en blanco. Pero dicha reflexión, será a parir de las palabras de Deleuze, cuando rompiendo con los lugares comunes considera que es un tema

“ruinoso en la literatura, […] según el cual el escritor se encuentra frente a una página blanca. Es estúpido, pero estúpido hasta las lágrimas. Desde ese momento, el problema de la escritura es: <<¡Mi dios! ¿Cómo voy a llenar la página blanca?>>. Realmente no vemos por qué alguien querría llenar una página blanca, a una página blanca no le falta nada.”[7]

 Y entonces, se pregunta:

“¿qué diferencia hay entre mi pobre cabeza, mi cerebro agitado y la página? Ninguna. […] Ya existen un montón de cosas; diría más, hay demasiadas cosas sobre la página. No hay página blanca […] vuestra propia página está atestada.  Y ese será el problema para llegar a es escribir: es que la página está tan atestada que no hay ni siquiera lugar para añadir lo que sea.”[8]

Esta página, que es la representación de nuestra mente, está llena de lugares comunes y clichés, repeticiones tras repeticiones que indican claramente el camino a seguir. Esto anula la capacidad de pregunta, qué estoy haciendo, diciendo, pensando. Así sucede también en el ensayo, creemos que es un espacio vacío a completar, nos desespera porque no hay nada de lo que consideramos teatro y entonces empezamos a repetir. Lo llenamos, más de lo que puede contener, con todos los conceptos que plantea Wikipedia de lo que es un ensayo y de lo que debería pasar. Siendo que tal vez, como diría Deleuze “escribir será fundamentalmente borrar, será fundamentalmente suprimir”[9], algo que resuena con la idea de que el hecho del ensayo es brutal, “donde los sueños rebotan y estallan”[10], que también consistirá en quitar, suprimir permitiendo que ese hecho hable por sí mismo sin darle un sentido preconcebido.

Por último,  vemos que el ensayo tiene una entidad en sí, que no está subordinada a una fecha de estreno. La obra que se considera definitiva es otra cosa, otro acontecimiento, otra experiencia que no puede ejercer el control policial sobre lo procesual, entendido esto último no como un plan de fases, sino la interpelación que se le hace al objeto obra, sus materialidades, potencias, reflexiones y lenguaje.

Quedan fuera de este texto muchísimxs maestrxs, teóricxs y pensamientos sobre el ensayo. Pero, es el intento de sembrar dudas sobre nuestras concepciones prefabricadas de uno de los hechos más importantes que configuran el dispositivo teatral. Ese campo donde podemos lanzar miles de preguntas de forma infinita que rompan el durlock que cargamos en nuestras cabezas, para redescubrir lo que estamos haciendo y hacer un aporte honesto a las artes escénicas de La Plata. Si no, nos queda el camino de siempre, el plan que nos dibujan la Wikipedia y algunos buenos hombres, llenos de buenas intenciones que alimentan el simulacro y el aburrimiento.

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Ensayo_(teatro)

[2] Op. Cit.

[3] Ure, Alberto. Sacate la careta. Ediciones Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2012. Pág. 87

[4] Op. Cit.

[5] Op. Cit.

[6] Op. Cit. pág. 86

[7] Deleuze, Gilles. Pintura. El concepto de diagrama. Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007. Pág. 53

[8] Op. Cit.

[9] Op. Cit.

[10] Ure, Alberto. Sacate la careta. Ediciones Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2012. Pág. 86

Bibliografía:

- Ure, Alberto. Sacate la careta. Ediciones Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2012

- Deleuze, Gilles. Pintura. El concepto de diagrama. Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007

- Jacques, Ranciere. El maestro ignorante. Editorial Laertes, Barcelona, 2002

 

Páginas web:
- Sobre el ensayo teatral: http://es.wikipedia.org/wiki/Ensayo_(teatro)
- Entrevista pública a Cristina Banegas sobre Alberto Ure, por Silvio Lang: 
https://www.youtube.com/watch?v=3eRot9KbC-o 

 

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