Reseña Obra Proyecto Cero
 
Por: Rolando Canelo
 

¿Hay deseos tan persistentes que son capaces de hormiguear cada rincón de la piel? ¿Cuántas veces esos deseos navegan en miradas ciegas capaces de derrumbar vajillas de té de porcelanas?
La obra Proyecto Cero plantea desde el teatro y el performer una forma de producir lenguaje escénico desde un compacto cóctel de técnicas físicas y expresivas. La variada producción de estímulos rítmicos, icónicos, musicales, ponen en tensión toda una complejidad perceptiva . La combinación de elementos plásticos, sonoros, físicos crean un universo tan virtual como real, tan cercano como distante.
Un mundo distópico y posible. Un mundo de seres que habitan el enjambre social. Seres islas, que viven del presente y que se alimentan de la repetición desde los mismos engranajes que sostienen la lógica urbana posmoderna. Cada personaje en su nido. No llegan a dialogar pero son capaces de percibir y reconocer soledades. Parecen presos de fantaseos que jamás podrán concretar.
Los objetos y el vestuario cachetean los sentidos por la sobredosis de signos pregnantes. El vestuario hace guiños al sadomasoquismo: texturas resbaladizas, de blancosplásticos y negrobrillantes. Cama, velador, alfombra rosa rococó, teléfono rojo a disco, muñeco a cuerdas.
Estímulos visuales que a veces acarician y otras veces rasguñan: peinados de los años 50; camisón blanco de señora; cigarrillo y boca roja.
Tienen algo de madrugada y soledad.
Una “Fem fatal”, enrula el cable del teléfono como si fueran sus rulos. Se escuchan temblequeos rítmicos de un respaldar en la agonía del sexo. Un hombre revisa sus construcciones como tal. Otra mujer huele a tabaco y depresión. De repente se ven “escenógrafos vivientes”, que iluminan distintos territorios y manipulan objetos con serenidad y determinación. ¿Podrían ser
parte de un servicio urbano más?
El presente parece perpetuo . El tiempo transcurre como en espera de hospital, de garita de vigilancia, de cubículo monoambiente. Hay olor a encierro simbólico. Atrapados en las propias estructuras que cada quien se construye. Placer hay, satisfacción jamás. El deseo los revuelca y los impulsa a un nuevo comienzo.

 
¿Puedo ser eso que repito? ¿Y si solo soy eso que repito?
 
¿Hay erotismo en la repetición?

Los cuerpos arrastran repeticiones habitando goces y sufrimientos. Por momentos la violencia se maquilla con tonos absurdos y sensuales. En el aire parece flotar smog. Hay voces que saben a comida chatarra, a picnic de primavera, a pastillas e inconformidad, a perfumina de hotel, a calentura sin pretexto, a pánico naturalizado, a existencia autocomplaciente.
La simultaneidad de acciones componen una partitura singular: el foco no está claramente localizado. Las acciones, textos y movimientos generan acordes sensoriales y acordes narrativos.
Voces, por un lado, secuencias de movimientos y respiración agitada por otro. Un Jazz de guitarra eléctrica se funde con un solo de gemidos acelerados. Voces que esgrimen pensamientos reflexivos. Emerge un espíritu declarativo y crítico. Se empañan las miradas llenas de existencialismo.
Proyecto Cero construye un código de espesa sensibilidad, y genera un juego de acciones poéticas y de poesías en acción. El acento está en la experiencia sensitiva. En abrir los sentidos, pasear por paisajes contradictorios y contaminados de este furioso presente.
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