PROYECTO CERO O EL TIRONEO ENTRE EL BIENESTAR Y EL DESORDEN
 
Por: Jerónimo Buffalo**
 
 
Estar en paz, cumplir con el evangelio, sentir la tranquilidad que me ofrece lo efectivo, la tarea realizada, ofrecer lo que el “monstruo” pide y ser gentil con él, esas podrían ser las premisas que los “Kantors” de esta pieza, juegan a ordenar la obra. Mientras, en otro plano y  no, impera el descontrol por parte de las actrices y actor protagonistas de este proyecto, en busca de ese no querer, de ese “no quiero que salga como usted desea” y ese “usted” no me refiero al espectador en sí, sino a la idealización que se tiene de éste, esa postura conservadora de saber a ciencia cierta qué es lo que el espectador necesita y debe proyectar del hecho teatral. Eso mismo plantea el realismo que tanto despotricamos los “contemporáneos”, la supuesta verdad representada sin dar lugar a terceras posiciones. Ese mismo realismo que supo utilizar el estalinismo para adoctrinar culturalmente a todo un pueblo. La diferencia es que el estalinismo era consciente de esto, por decirlo de manera criolla, culpable pero no boludo. Vuelvo a los trajeados Kantors de esta obra, que tienen más de Stalin que del genio polaco, poniendo orden a lo que sucede (en un momento uno intenta moler a golpes al actor acentuando esa posición de poder dentro del escenario), mostrándole al espectador lo que supuestamente debe ver, el  intento de una narrativa que pierde ante el desorden, ellos pierden, necesitan mezclarse, desnudarse junto a los actores, actuar para dar vuelta el partido y volver a perder porque los actores dejan de actuar llevando la obra hacia un lugar que se vuelve performático, ese lugar que supieron proteger los Tadeusz de la obra.

No comprender… ¿De eso no trataba esta actividad? 

Servir la “no compresión” significa un riesgo, decidir correr el riesgo significa hacerse cargo de las  consecuencias (esta obra las busca y con clara intención) y esas consecuencias tienen el costo de no transar con la moda, el no gustar o  simplemente no ser aceptadas por marcar otra posición dentro del territorio teatral, un territorio que tiene cada vez menos olor a alternativo. Proyecto Cero proviene de un trabajo de laboratorio, el grupo (El galpón del Momo Teatro) elabora su teatralidad a partir de una práctica sostenida en el tiempo, un laboratorio permanente como suelen llamarlo ellos con prácticas y entrenamientos semanales. Sostener esa dinámica en estos tiempos es un acto de fé, lo digo con conocimiento de causa. Un laboratorio es también asumir un riesgo o todo lo contrario, puede ser simplemente un slogan que decora un taller para darle cierta importancia por el resto de los mortales. Yo creo que un laboratorio por sobre todas las cosas significa tiempo, mucho tiempo y en Proyecto Cero con sus pro y contra lo hay. No es una obra “fácil”, mas bien, como dije anteriormente, es un acto de fé por parte de los integrantes del grupo por querer sostener una forma propia de trabajo.


** Jerónimo Buffalo. Egresado de la carrera de Actuación de la Escuela de Teatro de La Plata. Sus trabajos se han presentado en diferentes espacios oficiales como la sala TACEC del Teatro Argentino, el Espacio Memoria y DDHH (ex ESMA), la sala Payró del Aditórium de Mar del Plata, el Centro Cultural Haroldo Conti (ex ESMA), el CCC, la UNSAM, el Auditorio de FBA-UNLP, el Museo de Bellas Artes de la Pcia. de Bs. As. Emilio Pettoruti, la ETLP y el Centro Cultural Islas Malvinas (La Plata) y en espacios no oficiales de Capital Federal como el Galpón de Guevara, el Teatro Mandril y en difententes salas de La Plata, donde reside; y han sido seleccionados para participar en distintos ciclos y festivales nacionales e internacionales.

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